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dilluns, 17 de novembre del 2008

De Chiang Rai a Chiang Mai


Mirando el plan que hay para hoy parece que no nos espera nada especial, y la verdad, al final esa será nuestra sensación del día. Comenzamos yendo al templo Wat Rong Khun, un templo espectacular e inacabado, la Sagrada Familia de Tailandia según Paco, cuya construcción se financia con las donaciones de fieles, turistas y el merchandising. Yo he ayudado comprándome una camiseta muy chula.




Después del templo hemos comenzado un tour guiri que nos ha llevado por una fábrica de joyas de oro y jade, otra fábrica de tejidos de seda y otra de manufacturación de sombrillas. Todo esto hasta la hora de comer en el tradicional buffet libre para guiris. En cada fábrica se nos ha dado una breve explicación sobre el proceso realizado sobre el jade, la seda y el papel respectivamente para, a continuación, dejarnos mirar un buen rato qué queremos comprar.Aquí la manufacturación de tejidos de seda.



Aquí la fabricación de sombrillas.



Después de comer nos vamos a Chiang Mai, a visitar el templo de Wat Doi Suthep, 1056 metros por encima del mar, construido por el rey Gue-Na el año 1383. El complejo comprendido por el templo es gigante y precioso. Por un momento nos ha hecho olvidar el enfado que tenemos con Paco y la agencia por las visitas de turismo guiri del día que nos han endiñado, aunque cabe decir que en el momento que hemos llegado al templo Paco nos ha vuelto a dejar que lo visitemos solos mientras él se quedaba en la entrada con unos chicos que conocía para los que había traido ropa de invierno comprada en Mae Sai el día anterior.




Mientras esperábamos al chófer con la minivan nos pusimos a hacer fotos a estos niños con sus madres. Una monada (los niños).



Al bajar de la montaña nos acercamos a unas cataratas. Antes de llegar podemos ver unos puestos de comida especiales. Están llenos de delicatesses: gusanos, grillos, escarabajos, escorpiones,... Paco me dice que pruebe lo que quiera, así que me decanto por un gusano de seda grandecito, este sabe a morera, mmm!, y luego un saltamontes, que tampoco está tan mal.



Silvia y yo pasamos un rato paseando por el parque trazado alrededor de las cataratas hasta que el bochorno del ambiente nos impide continuar.



Ya es hora de ir al hotel. El hotel Tea Vana es un pasote, con una piscina para nosotros solos, acceso a
internet gratis, y una habitación espaciosa y agradable. El chapuzón en la piscina que me meto es memorable.



A las siete nos llama Paco. Tenemos una cena tradicional a las afueras de Chiang Mai, una cena que se acaba convirtiendo en otra trampa para guiris, casposa y sin ninguna gracia. Incluso en algunos momentos se nos pasa por la cabeza la idea de levantarnos y marcharnos pero al final nos rajamos y nos tragamos tal bazofia. Paco y el conductor nos han dejado en la cena y se ha
n ido a comer con los otros guías y chóferes.



Una vez acabado, nos llevan al mercado nocturno, donde un vendedor chino se ha enfadado con Silvia por ofrecerle ésta solo un 30% de lo que él pedía. Despues de un rato nos volvemos al hotel a descansar por fin.

diumenge, 16 de novembre del 2008

De Lampang a Chiang Rai

¡Para variar esta mañana nos levantamos a las 6:30!. Tras el desayuno, en una mesa junto al río con unas vistas muy bellas de naturaleza tropical, nos dirigimos hacia el norte.



Pasamos de largo de Chiang Mai, a donde iremos mañana, y nos dirigimos hacia Pha Yao, ciudad con un lago muy grande en el cuál aún quedan muchos restos del Loi Katong celebrado hace casi una semana.



Aquí paramos a tomar un café y a comprar caramelos que luego daremos a los niños de las diferentes tribus que vamos a visitar. En esta parada aprovecho para degustar mi primer gusano de seda, sabe como los gusanitos pero más harinoso e insípido, la verdad es que no me aporta nada. Silvia se compra un bote de bálsamo de tigre para aplicar sobre las picaduras de los brazos; este bálsamo huele mucho a una mezcla de mentol y alcanfor, es un olor agradable.

Seguimos camino hasta Mae Sai, donde en un poblado cercano viven los Akha. Es una tribu original del Tibet y que hace alrededor de cincuenta años el gobierno tailandés permitió instalarse en su territorio. El anciano de la foto de abajo creo que es el único en toda la tribu que va vestido de forma tradicional, y únicamente con el objetivo de obtener unos baths de los turistas por dejarse hacer fotos. También en el poblado tienen puestos de artesanías como marionetas, que son muy típicas en toda la zona del Triángulo del Oro.



Paco nos dice que sólo demos caramelos a los niños, nada de dinero. Los niños, nada más llegar nos reciben pidiendo "money", pero al ver que les damos caramelos nos piden más.



Silvia intenta dar tanto a los que piden continuamente como a los que no dicen nada porque son más tímidos, También nos piden que les cambiemos en baths los euros que les han dado otros turistas, pues las monedas no las cambian en los bancos y no les sirven para nada; no accedemos pues nos quedan pocos baths y Paco nos advierte que si lo hacemos en menos de dos minutos tendremos a medio pueblo allí.
Los niños son unos pillos, me divierte ver lo pícaros que llegan a ser; jugamos con ellos hasta que nos toca irnos. Los nombres de Ase, Ape y Ake se me quedan clavados , así como los bonitos ojos de Su Shi.




Se despiden lanzándonos besos y nosotros nos quedamos pensativos, no sabiendo si estar tristes o contentos por ellos. Los Akha llegaron a Tailandia desde el Tibet hace unos cincuenta años y tan sólo los mayores conservan sus tradiciones.

Tras comer en otro buffet libre en Mae Sai visitamos la ciudad, que es la más al norte de Tailandia. Llegamos hasta la frontera con Myanmar (antigua Birmania) y luego damos un paseo por el mercado local. Aprovechamos para comprar marionetas y un elefante de la suerte (por el cual no he sabido regatear).



Tras esta visita seguimos camino hasta Chiang Saen donde se encuentra la frontera fluvial del rio Mekong entre Tailandia y la república de Laos. Una lancha nos lleva hasta el otro lado del río, entramos en Laos y aprovechamos para hacer compras en un mercadillo para turistas montado por gente de la tribu Yao. Por allá juegan unos niños y, ya que nos sobran caramelos, les damos unos cuantos dulces. Mientras tanto, Paco se divierte asistiendo a unas apuestas con unos amigos suyos; allá donde vayamos él siempre conoce gente, ¡menudo perro viejo!.





Volvemos a Tailandia y en Chiang Saen subimos al templo Wat Phra Dhat Jom Kitti, que también tiene el aliciente de un mirador sobre el río Mekong y el famoso "Triángulo del Oro". Así se denomina la zona fronteriza entre Tailandia, Myanmar y Laos que durante muchos años concentró el tráfico de opio, el "oro", con el que comerciaban mafias de toda Asia. De subida al templo compramos tres pantalones Camel por menos de 30 euros (1100 baths) en una tienda de chinos.





Viajamos de nuevo hacia el sur, a Chiang Rai, mientras anochece. Paco se ha dejado la chaqueta en un bar en el que nos esperaba mientras subíamos al templo, la recogerá la semana que viene.
Llegamos al hotel en Chiang Rai, nos duchamos, cenamos menú europeo, nada del otro mundo, y salimos al mercado nocturno donde nos compramos una maleta gigantes por unos 20 euros (950 baths) tras un duro regateo. El mercadillo es pequeño pero suficiente para que se nos haga la hora de ir a dormir.