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dimecres, 13 d’agost del 2008

Día 12: Makarska - Senj

Hoy es el día que dejamos Makarska después de ser nuestra base de operaciones durante tres días enteros y cuatro noches.
Después de desayunar, desalojar la habitación y pagar la estancia, resulta que nos encontramos con que el coche está bloqueado por un coche alemán a la izquierda y otro croata de Sibenik por detrás. El dueño del hotel se lleva las manos a la cabeza y nos dice : “Problem”. Los de Sibenik se han marchado y vete tú a saber cuándo volverán, con lo difícil que es coger sitio en la playa lo normal es que la gente se quede hasta el anocher allí. Por suerte, el alemán estaba durmiendo y a los diez minutos se despierta y baja a sacar su coche, estamos salvados. Este ha sido otro detalle general que no nos ha gustado de los croatas : poca preocupación por el medio ambiente, poca preocupación por fumar al lado de niños, poca preocupación por las reglas de tráfico...poca preocupación respecto a todo lo que no sean ellos mismos. En fin, es otra forma de ver la vida, y en su casa tendremos que respetarlo.
Por fin nos ponemos en viaje dirección Zadar. Cogemos la misma carretera de la costa dálmata que tanto nos gusta, a la altura de Split entramos en la autopista.
Aparcamos en Zadar en un parking de pago, y lo primero que buscamos es un bar para hacer nuestras cositas y tomar un café, que vamos con mucho sueño acumulado.
De Zadar dicen que sus ruinas romanas serían tan importantes como las de Split de no ser por el daño que hicieron los aliados con sus bombardeos en la segunda guerra mundial. La verdad es que no está mal, pero la calor y además el cansancio acumulado de todo el viaje ya no nos permiten disfrutar de la ciudad como se merece.
Comemos en un restaurante que aconseja el Lonely Planet, Ribara2, pero tampoco es que sea nada especial. El menú pizza con un par de coca colas. Después buscamos una terraza para comer unos helados, que siguen sin poder compararse a los de Split. Una vez nos hemos comido los helados seguimos nuestra visita turística de la ciudad. Es curioso como en algunas partes la muralla se confunde con los pisos, como si en algún momento no se hubiese tenido en cuenta a la hora de construir pisos (seguramente así fue).
Ya es hora de volver al coche que aún no sabemos dónde vamos a dormir. Nos dirigimos a Rijeka y desde allí queremos llegar a la península de Istria, pero no tenemos muy claro qué pueblo escoger. Al final, unos 60 km. Antes de llegar a Rijeka llegamos a un pueblo que nos parece muy bonito, Senj, decidimos buscar alojamiento y encontramos el hotel Garni Art, de 2 estrellas, normalito pero bien situado, con ventana al puerto.

Después de nuestra ducha rutinaria salimos a hacer unas fotos. El pueblo nos gusta, tiene un puerto muy fotogénico.
Y además un castillo desde el cual pensamos que se pueden obtener unas buenas fotos.
Cuando llegamos hasta él, despues de una importante subida, lo que vemos supera nuestras espectativas, presenciamos la mejor puesta de sol de todo el viaje, viendo como el sol se esconde por detrás de la isla de Krk (vaya nombre más complicado).
Contentos del momento vivido volvemos al pueblo con ganas de una buena cena. Como el pueblo no sale en la Lonely Planet (¡bien!) nos dejamos guiar por la cantidad de gente para saber si un restaurante es bueno o no. Escogemos uno con solo una mesa libre, y nada más llegar se forma una cola de espera importante. Escogemos parrillada de pescado para cenar, con merluza, besugo y skuse (es el mismo que nos sirvieron en el barco y que hemos podido comprobar que se trata de caballa), además de calamares, buenísimo, aunque el pescado está repleto de espinas.
De repente nos rodean cuatro gatos que sólo se van cuando los camareros nos retiran los platos, entonces se quedan al lado de otra mesa.
De postre, crêpe, que aquí llaman palacinke (en Sarajevo palacinci). Está buenísimo, con chocolate por dentro y por fuera. Para beber unas cervezas Ozujsko de medio litro.
Damos una vuelta por el puerto para digerir la cena. La noche es preciosa, pero nos tenemos que ir a dormir que mañana toca dormir en Cassine, Italia, como la primera noche. Nos queda mucho camino.

dissabte, 9 d’agost del 2008

Día 8: Sarajevo - Mostar - Makarska

Hoy dejamos Sarajevo para dirigirnos a la costa de Dalmacia, en Croacia, pasando por Herzegovina. No sin antes tomarnos el último desayuno del buffet del Holiday Inn, que hoy está invadido por un autocar de españoles que se hacen notar.
Nada más salir de Sarajevo ya nos perdemos, creo que por el barrio de Illidza, en la periferia de Sarajevo, menos mal que un hombre nos reconduce mediante señas hacia la carretera correcta. Durante el camino pasamos por zonas serbias, musulmanas y finalmente croatas. Herzegovina es la región de mayoría croata dentro del país, y está pegando con Croacia.
Después de unos 100 kilómetros llenos de curvas llegamos a Mostar, visita turística obligada para hacerse una foto en el viejo puente (Stari Most en croata), construido en el siglo XVI y volado por los bosnio-croatas durante la guerra.





Según creo, se acabó de reconstruir en el 2004. El sitio, tanto el puente como la ciudad vieja, está plagado de turistas españoles.






No es extraño, es una zona muy bonita, aunque el resto de la ciudad es muy gris y aún se ven las cicatrices de la guerra.


Mientas visitamos el casco antiguo cae una tormenta, nos protegemos en la terraza de un bar; el café expreso es buenísmo y me tomo dos. Entre eso, unos souvenirs y un par de helados agotamos los últimos marcos convertibles que nos quedan. Ya podemos pasar la frontera e ir a Croacia.

Seguimos por la carretera; como prácticamente en todo el recorrido por territorio bosnio todo son curvas y no se puede pasar el límite de velocidad de 50 o 60 km/hora según la zona, al menos teóricamente. Como nosotros ya estamos escarmentados, aplicamos el código al pie de la letra, además a menudo se ven controles policiales.

Llegamos a la frontera con la República Hrvatska (digamos Croacia), esta vez la aduana la pasamos sin problemas. No sabíamos si ir dirección Dubrovnik o dirección Split, al final pensamos que nos puede ir mejor ir hacia el norte y que ya iremos un día al sur, a Dubrovnik. Decidimos quedarnos a unos 70 km de Split, en Makarska. Este pueblo resulta ser una especie de Lloret del turismo croata y bosnio, se ven pocos extranjeros, en su mayoría italianos. En el Lonely Planet hablan bien del hotel Makarska así que allá vamos.Tras dar la vuelta a todo el pueblo (que es grande) encontramos el maldito hotel. La chica que nos atiende es la hija de la familia que lo regenta, y la única que sabe decir cuatro palabras en inglés, es decir, habla el inglés como nosotros el croata. Decidimos quedarnos cuatro noches. Subimos a la habitación, nos cambiamos y vamos a la playa...y vaya mierda de playa, con perdón!. Está llena de gente, es muy estrecha y de piedras, y en vez de sombrillas hay pinos. Yo me meto en el agua y me destrozo los pies con las piedras. También hay algas y el agua parece revuelta. A la hora nos vamos. Una ducha en el hotel y a dar una vuelta a ver la gente.
Es curioso ver como las parejas casi siempre son hombres en bañador y camiseta con mujeres con tacones y vestidas para la cena en la Embajada, muy diferente a lo que estoy acostumbrado a ver en Barcelona.
Nos tomamos una coca cola y un Kick in the balls al lado del mar y poco después nos vamos al hotel, que el día ha sido duro.