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dimecres, 6 d’agost del 2008

Día 5: Zagreb - Sarajevo

Salir de Zagreb ha sido más sencillo de lo que pensábamos, y nuestra sensación de la ciudad también es mejor aunque se nos queda en la mente la imagen de unos cuantos jóvenes con apariencia y actitud neonazi que nos hace dudar respecto a la tolerancia en Croacia.
Nos dirigimos a la frontera por Bosanski Grad, todo va perfecto hasta llegar al puente sobre el río Sava que separa Croacia de Bosnia. Dos horas para pasar un puente de unos 300 metros. La gente ha ido perdiendo la paciencia y han ido invadiendo el carril contrario para adelantar en la cola.



Cuando nos ha tocado el turno en la aduana hemos pensado que nos iban a sacar el equipaje del maletero pero no, únicamente nos han pedido la documentación: pasaportes, carne de conducir internacional, carta verde de circulación, documentación del coche... y como lo teníamos todo el trámite ha sido rápido, así que a tirar millas!

Al entrar en Bosnia, en un tramo de unos 10 km de autopista en dirección Banja Luka (capital de la República Serbia de Bosnia), la policija nos ha parado por ir a 98 Km/h cuando el límite de velocidad era de 60 Km/h (cualquiera que nos conozca pensará que es algo increíble que nos paren a nosotros por exceso de velocidad, pero es cierto). Entenderse con el policía era una especie de 'misión imposible' porque únicamente hablaba su lengua que suponemos que era Serbio, no tenía ni idea ni de inglés, ni de francés, ni de italiano...por español ya ni preguntamos. Conseguimos entender que pretendía que pagáramos 150 euros en un banco del pueblo que acabábamos de pasar y que volviéramos a aquél lugar ya que se quedaban con el pasaporte de Jose. No sabemos si ha sido por la cara que se nos ha quedado pensando en cómo podíamos girar en medio de la autopista para volver para atrás o porque se han dado cuenta de que lo que nos pedían era una locura o porque se han pensado que no habíamos entendido nada de nada, han decidido perdonarnos la multa, devolvernos el pasaporte de Jose y dejarnos continuar no sin antes pedirnos a cambio un café en otro momento.

Hemos parado en Banja Luka. Tenemos que dejar el coche en un parking y no aceptan euros ni tarjeta de crédito, otro contratiempo con el que no contábamos. Por suerte una chica serbo-bosnia nos ha pagado una hora de parking con una moneda de 0,5 marcos (la moneda de Bosnia es el Marco convertible, 1 marco equivale a 0,5 euros). Hemos ido al banco a sacar 200 marcos y luego a comer pita. Queríamos aprovechar para ir al WC pero nos hemos encontrado una letrina que igualaba en suciedad a las de las áreas de descanso de Francia, por lo que ha tocado aguantar e ir a tomar un helado a una cafetería con pintas de tener un lavabo decente (y así ha sido). Hemos paseado por el centro de Banja Luka pero no hemos podido ver si habían comenzado a reconstruir la mezquita de Fehederija, destruida hasta los cimientos en la guerra. Es una ciudad pequeña con un castillo de ir por casa, dos o tres iglesias ortodoxas y un mercadillo típico de los Balcanes.


Después de dos horas por Banja Luka hemos hecho de un tirón el trayecto hasta Sarajevo, 4 horas y media de carretera de curvas, letreros en cirílico y obras de construcción de una futura autopista que sale de Sarajevo. Por suerte los últimos 40 km ya están construidos!



No nos hemos complicado mucho y en Sniper Alley hemos visto el Holliday Inn, el famoso hotel donde residieron los periodistas durante el asedio a Sarajevo. La habitación tiene un precio de 117 euros la noche, pensábamos pasar únicamente la primera noche pero después de la ducha hemos decidido quedarnos las 3 noches que pensamos pasar aquí, despues de un viaje con fronteras, policías, curvas y obras nos merecemos un pequeño lujo.


Hemos cenado en un bar Fileti Pileci (pechuga de pollo), salchichas con cerveza Sarajevsko y un par de helados, todo por menos de 10 euros. Hemos dado el primer paseo por Sarejevo, una ciudad muy viva y con mucho ruido por la noche.

dimarts, 5 d’agost del 2008

Día 4: Ljubljana - Zagreb

Hoy hemos dormido muy bien en la habitación doble únicamente para nosotros. ¡Qué lujo!

Después de desayunar hemos recogido todo y hemos dejado el Hostel Celica atrás para ponernos rumbo a Zagreb. De camino, a sólo 35 km de Ljubljana, hemos parado en Sticna para ver el monasterio más antiguo de Eslovenia. Allí nos hemos dejado estafar 2 euros por un fraile de más de 80 años que primero nos ha preguntado si hablábamos inglés y seguidamente nos ha colocado un librillo en las manos de la historia del monasterio. Luego ha seguido preguntando si hablábamos francés, si hablábamos español, y cuando le hemos dicho que éramos españoles nos ha quitado el librillo en inglés y nos lo ha dado en español, ha cogido la calculadora y ha calculado cuantos euros nos tenía que cobrar. En cuanto le hemos dado los 2 euros prácticamente nos ha echado de su 'oficina' y nos ha dicho que fuéramos a visitar el monasterio nosotros solos. Cómo nos hemos reído de la situación.
El monasterio en sí no es nada del otro mundo.



Hemos continuado nuestro camino y en la frontera la policía eslovena nos ha parado y nos ha pedido toda la documentación porque no llevabamos la 'Vinjetta'. Entonces hemos atado cabos.

Resulta que en Eslovenia no todos los peajes son fantasmas, y así, cuando entras al país probablemente tienes que pasar por algún sitio que nosotros no vimos en el que tienes que pagar los 27 euros de impuesto de circulación por el pais. Es el problema de no entender absolutamente nada de lo que ves escrito. La frase del policía fue: Do you know what does 'pena' mean?, y seguidamente se guardó la documentación del coche y el pasaporte de Jose hasta que pagáramos la 'pena' de 150 euros. Así que pagamos y contínuamos con nuestro camino. ¡Qué rabia! y encima no nos dieron la 'vinjetta' para cuando volvamos a pasar por Eslovenia, por lo que nos planteamos coger ferry en la costa dálmata y llegar directamente a Italia.


Después de aproximadamente 2 horas de viaje llegamos a Zagreb. A partir de aquí no llevamos ningún alojamiento reservado así que nos decidimos por hacer caso a la guía 'Lonely Planet' que habla bien del Hotel Ilica y de su 'staff' (aunque hemos visto en muchos otros sitios que aunque hablan bien de la relación calidad/precio, al 'staff' lo dejan por los suelos). Nos ha costado mucho encontrarlo. Las calles son un caos, coches y tranvías comparten carriles y para alguien como nosotros que no acostumbramos a coger el coche por ciudad ha sido un auténtico estrés. El caso es que finalmente un chico de unos 20 años en bicicleta (la mar de majo), nos ha indicado como llegar. Una vez en el hotel hemos tenido suerte y nos han dicho que tenían una habitación libre pero que la tenían que preparar, así que hemos dejado el coche en el parking y nos hemos ido a recorrer la ciudad.



En la primera toma de contacto con Zagreb hemos visto gente muy rara, sobre todo jóvenes con apariencia de ultra derecha bastante desagradables. Cuando hemos entrado en la catedral se nos ha pegado un hombre bastante raro. Según nos ha explicado en una mezcla de español-italiano, había sido profesor de historia, comisario de policía, arbitro de baloncesto para niños, jesuíta, del Opus Dei, había vivido en España durante unos años y que odia a los serbios casi tanto como a los gays (no entiende que en España permitan las bodas gays y que esto pasa porque Zapatero es un blando). La catedral no está mal, tiene el cuerpo del obispo Stepanec, todo un héroe nacional. Nuestro nuevo amigo croata, Zlatko (Aurelio), nos ha enseñado la Iglesia de San Francisco, la de Santa Catalina, y la de San Marcos, justo al lado del Sabor (parlamento croata) y del Ayuntamiento. Nos ha enseñado una farmacia del siglo XIV fundada por el tataranietode Dante, y la casa donde se acuñó la primera Kuna, la moneda oficial de Croacia. También nos explicó el origen del nombre de la moneda (Kuna), que es el nombre de un animal, la marta, cuya piel utilizaban como unidad de cambio en la época medieval.



Zlatko es un hombre muy peculiar pero nos ha ayudado a conocer rápidamente los puntos clave de Zagreb y nos ha dado explicaciones muy curiosas sobre la historia de su ciudad.
Después de aproximadamente dos horas nos hemos despedido de él y nos hemos ido hacia el hotel a darnos una ducha y descansar un poco. Allí ya hemos tenido la primera prueba de la 'amabilidad' (léase con ironía) del personal del hotel, al decirnos de mala manera que no podemos cambiar el coche a la sombra.

Por la tarde hemos vuelto a salir y hemos vuelto a recorrer todos los puntos que Zlatko nos había enseñado para poder hacer fotos tranquilamente. Hemos cenado en una pizzería y paseado por el centro.



Por la tarde la impresión inicial que nos había dado Zagreb ya ha cambiado para mejor. Pero si la comparamos con Ljubljana nos quedamos con Ljubljana.