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diumenge, 16 de novembre del 2008

De Lampang a Chiang Rai

¡Para variar esta mañana nos levantamos a las 6:30!. Tras el desayuno, en una mesa junto al río con unas vistas muy bellas de naturaleza tropical, nos dirigimos hacia el norte.



Pasamos de largo de Chiang Mai, a donde iremos mañana, y nos dirigimos hacia Pha Yao, ciudad con un lago muy grande en el cuál aún quedan muchos restos del Loi Katong celebrado hace casi una semana.



Aquí paramos a tomar un café y a comprar caramelos que luego daremos a los niños de las diferentes tribus que vamos a visitar. En esta parada aprovecho para degustar mi primer gusano de seda, sabe como los gusanitos pero más harinoso e insípido, la verdad es que no me aporta nada. Silvia se compra un bote de bálsamo de tigre para aplicar sobre las picaduras de los brazos; este bálsamo huele mucho a una mezcla de mentol y alcanfor, es un olor agradable.

Seguimos camino hasta Mae Sai, donde en un poblado cercano viven los Akha. Es una tribu original del Tibet y que hace alrededor de cincuenta años el gobierno tailandés permitió instalarse en su territorio. El anciano de la foto de abajo creo que es el único en toda la tribu que va vestido de forma tradicional, y únicamente con el objetivo de obtener unos baths de los turistas por dejarse hacer fotos. También en el poblado tienen puestos de artesanías como marionetas, que son muy típicas en toda la zona del Triángulo del Oro.



Paco nos dice que sólo demos caramelos a los niños, nada de dinero. Los niños, nada más llegar nos reciben pidiendo "money", pero al ver que les damos caramelos nos piden más.



Silvia intenta dar tanto a los que piden continuamente como a los que no dicen nada porque son más tímidos, También nos piden que les cambiemos en baths los euros que les han dado otros turistas, pues las monedas no las cambian en los bancos y no les sirven para nada; no accedemos pues nos quedan pocos baths y Paco nos advierte que si lo hacemos en menos de dos minutos tendremos a medio pueblo allí.
Los niños son unos pillos, me divierte ver lo pícaros que llegan a ser; jugamos con ellos hasta que nos toca irnos. Los nombres de Ase, Ape y Ake se me quedan clavados , así como los bonitos ojos de Su Shi.




Se despiden lanzándonos besos y nosotros nos quedamos pensativos, no sabiendo si estar tristes o contentos por ellos. Los Akha llegaron a Tailandia desde el Tibet hace unos cincuenta años y tan sólo los mayores conservan sus tradiciones.

Tras comer en otro buffet libre en Mae Sai visitamos la ciudad, que es la más al norte de Tailandia. Llegamos hasta la frontera con Myanmar (antigua Birmania) y luego damos un paseo por el mercado local. Aprovechamos para comprar marionetas y un elefante de la suerte (por el cual no he sabido regatear).



Tras esta visita seguimos camino hasta Chiang Saen donde se encuentra la frontera fluvial del rio Mekong entre Tailandia y la república de Laos. Una lancha nos lleva hasta el otro lado del río, entramos en Laos y aprovechamos para hacer compras en un mercadillo para turistas montado por gente de la tribu Yao. Por allá juegan unos niños y, ya que nos sobran caramelos, les damos unos cuantos dulces. Mientras tanto, Paco se divierte asistiendo a unas apuestas con unos amigos suyos; allá donde vayamos él siempre conoce gente, ¡menudo perro viejo!.





Volvemos a Tailandia y en Chiang Saen subimos al templo Wat Phra Dhat Jom Kitti, que también tiene el aliciente de un mirador sobre el río Mekong y el famoso "Triángulo del Oro". Así se denomina la zona fronteriza entre Tailandia, Myanmar y Laos que durante muchos años concentró el tráfico de opio, el "oro", con el que comerciaban mafias de toda Asia. De subida al templo compramos tres pantalones Camel por menos de 30 euros (1100 baths) en una tienda de chinos.





Viajamos de nuevo hacia el sur, a Chiang Rai, mientras anochece. Paco se ha dejado la chaqueta en un bar en el que nos esperaba mientras subíamos al templo, la recogerá la semana que viene.
Llegamos al hotel en Chiang Rai, nos duchamos, cenamos menú europeo, nada del otro mundo, y salimos al mercado nocturno donde nos compramos una maleta gigantes por unos 20 euros (950 baths) tras un duro regateo. El mercadillo es pequeño pero suficiente para que se nos haga la hora de ir a dormir.

dissabte, 15 de novembre del 2008

De Pitsanulok a Lampang


A las 7:30
hemos salido del hotel de Pitsanulok con Paco y el chófer. La primera parada ha sido dentro de la misma ciudad, en el templo de Wat Maha Dhat, con su buda Phra Buda Jinaraj, muy famoso en todo el pais.



El templo es muy grande y vistoso. Durante la visita suena el himno del pais y todos nos quedamos parados de forma respetuosa.


Una vez visitado este templo salimos dirección Sukhotai, la capital del pais hace 700 años y que dejó de serlo por un brote de cólera que hizo huir al rey hacia Sri Satchanalai. En el camino y un perro se cruza en la carretera y el coche le pasa por encima. Todos lanzamos un "Ahhhhhh", y Paco lo remata con un "en su próxima vida reencarnar en Chófer" y se ríe. Aún no sabemos si Paco nos genera confianza o todo lo contrario por el hecho de tener 35 años de experiencia como guía. Estuvo viviendo en Sabadell y estudiando en Barcelona hace más de quince años. Allá donde paramos conoce la gente y se echan unas risas en las que nososotros sospechamos que somos el centro de la gracia.
Las ruinas de la ciudad que fue capital de Siam después de Ayuttaya son impresionantes, además el día es fantástico y se puede oler hasta la hierba fresca.


La ciudad está llena de antiguos templos de los que solo quedan los pilares y sus budas, estatuas gigantes en posición de meditación, de pedir la paz, o en descanso.


Todos fantásticos. Después vamos a Sri Satchanalai, la ciudad donde en un principio huyó el rey Ramkamhaeng de Siam para evitar la epidemia. Allí vemos los templos de Wat Chang Lom, Wat Jedi Jet Thaew, Wat Nang Phya y Wat Pra Sri Ratana Maha Dhat.


Tambien cruzamos un puente colgante que da mucho respeto y en el otro lado del río curioseamos por los puestos con jabones y con productos hechos de hilo de seda.


Tras estas visitas comemos en un buffet libre y luego nos dirigimos a Lampang. Allí primero visitamos el templo Wat Phra Dhat Lampang Luang, que junto al Wat Phra Kaew de Bangkok, son los dos únicos con un buda esmeralda.


En este templo nos estamos durante más o menos tres cuartos de hora. Después nos vamos a ver el mercado de Lampang, muy curioso, con sus sapitos con las tripitas al aire.

Por fin es hora de irnos al hotel, que está muy cerca del mercado. Se trata de un complejo de bungalows en una especie de jungla llena de mosquitos.

Aprovechamos el resto de la tarde para darnos un chapuzón en la piscina y después un buen masaje de dos horas (por 800 baths por cabeza, unos 18 euros) antes de ir a cenar. La cena, buffet libre, es una decepción.



Para bajar la cena damos un paseito por esa jungla, oyendo los cánticos budistas que celebran la misa por la incineración del cuerpo de la princesa, la hermana del rey Rama IX, muerta un año antes. Paco nos ha explicado que aquí puede tardarse años en enterrar un rey o familiar real pues se debe tallar una urna perfecta. Mientras, el cuerpo se mantiene incorrupto mediante productos químicos inyectados. Tras volver a nuestro bungalow nos disponemos a dormir. Mañana otra vez diana a las 6:30. Nos vamos a la frontera del norte de Tailandia.