dissabte, 22 de novembre del 2008

De Koh Samet a Bangkok


Esta mañana es la última en la isla. De nuevo hago mi baño en el mar a primera hora, a las 7, y de paso aprovecho para seguir buscando en vano el anillo. Después de la ducha, Silvia y yo hacemos el último desayuno en el hotel de lujo, nos ponemos hasta las orejas, sobretodo yo. Después damos un paseo por el complejo hotelero y luego nos vamos a hacer las maletas.



A las 12:30 cogemos la lancha que nos lleva a Rayong, ya en la península. Allí nos esperamos un cuarto de hora hasta que llega nuestra guía de Asian Travels, una chica simpática que sabe poco español pero suficiente para entendernos.
Llegamos cerca de las tres de la tarde a Bangkok, al hotel Narai, muy cerca de la zona del mercado nocturno de la ciudad, el Patphong. El hotel no está mal y la habitación también tiene muy buena pinta.



Tras una ducha y comer unas porquerías en la habitación salimos a la ciudad. Decidimos ir andando hasta la zona comercial. El trayecto es más pesado de lo que pensábamos. Son unos tres cuartos de hora con mucha polución acústica y sonora, zonas con unas aceras bastante precarias y muchísimo calor. Por el camino pasamos al lado del Parque de Lumphini, con su estata del rey Rama IV, Mongkutklao, presidiendo la entrada.




Siguiendo las vías del Skytrain llegamos a la zona más comercial de la ciudad, Siam Square, al lado del Estadio Nacional. Primero entramos en el Siam Paragon, un centro comercial impresionante con material de calidad a precios prácticamente de aquí. Aún así, Silvia encuentra ropa interior a buen precio y que parece de calidad. También aprovechamos para cenar en un restaurante de estilo italiano (dónde los camareros van a piñón fijo sirviendo las mesas) que hay en la planta inferior del Paragon.



Después de perdernos literalmente durante un rato por el Siam Paragon, salimos de nuevo a la avenida Rama I, y aprovechando los túneles de acceso al Skytrain, que están por encima del tráfico rodado, llegamos al Mah Boon Krong, más conocido como el MBK, otro centro comercial gigante con imitaciones de todo tipo. Más que comprar, ojeamos el género de cara a los próximos días, tranquilamente. Terminamos con un masaje de todo el cuerpo muy agradable en una sala de masajes de la penúltima planta del MBK.
Nos volvemos andando de nuevo al hotel para pasar por el Patphong y ver cómo es de noche. La verdad, no nos gusta mucho. Hay una zona de prostitución, donde acosan al turista ofreciéndole shows de ping pong (no pregunteis si no sabeis de qué se trata) y videos pornos. De repente, sin una frontera y entremezclándose con la zona de prostitución, comienza la zona comercial, cientos de paradas como en un mercado, ofreciendo ropa de imitación, relojes de imitación, artesanía de imitación...todo de imitación. Muchas imitaciones son prácticamente perfectas.
Llegamos al hotel hechos polvo y con ganas de irnos a dormir pronto. Mañana toca visitar los templos principales de la ciudad.

divendres, 21 de novembre del 2008

Pesadilla en Koh Samet


Esta noche me he despertado de madrugada. Miro a Silvia y me da la sensación que veo algo moviéndose a su lado.¡ Parece una serpiente!. Me froto los ojos y sigo viendo la misma imagen, me levanto cuidadosamente y me acerco por su lado, levanto la mosquitera lentamente pero ya no veo nada. Enciendo la luz y nada. Silvia ni siquiera se despierta pero yo he pasado un susto de muerte. Aún no me creo que lo que he visto sea una ilusión. Quizás ha sido una premonición de lo que me iba a pasar al poco rato. A las 7 me levanto y me voy a hacer mi baño en el oceano. Había salido de agua y he decido volver, a las pocas brazadas se me desprende el anillo de mi dedo anular, ¡MALDICIÓN!. Lo estuve buscando en el agua durante todo el tiempo que estuvimos en Koh Samet pero ya no lo encontré.



Todo el día se fastidia un poco pensando en el puñetero anillo. Menos mal que Silvia me anima y bueno, al final se queda como una mala anécdota. Ese día poco hacemos, descansar, buscar el anillo y hacer fotos de la puesta de sol desde la playa. Preciosas fotos.



Aprovechamos para tomar nuestros últimos mojitos en el bar guay y además allí mismo hacemos una cena de comida thai. No está mal para despedirnos de la isla.

dijous, 20 de novembre del 2008

Relax en Koh Samet

¡¡¡Esta ha sido la noche que mejor hemos dormido hasta ahora en todo el viaje!!! . Una cama agradable y una temperatura agradable en la habitación gracias al ventilador en el techo, no ha sido necesario poner el aire acondicionado. Tampoco los mosquitos nos han molestado gracias a la mosquitera y a las largatijas y lagartos que habían fuera y dentro del bungalow.
Nos habíamos ido muy temprano a la cama pues no sabíamos qué hacer después de ver una peli de los X-Men en DVD, y esta mañana, y eso que por primera vez en todo el viaje no teníamos prisa, yo me he levantado a las 7 para tomarme un baño en la playa y posteriormente en la piscina; la sensación ha sido genial. Luego me he vuelto al bungalow para despertar a Silvia. Nos hemos duchado y hemos ido a desayunar; un desayuno completo, con huevos fritos, salchichas, sushi, cereales, bollería, café y zumo de diferentes tipos, yo he probado de todo.
Después nos hemos ido a descansar en unas hamacas en la playa. Yo he aprovechado el descanso para escribir los posts que me faltaban para ponerme al día, unos cuantos, y para beberme un zumo de coco.
Cada poco rato nos íbamos a mojar en el mar o en la piscina.
Tras unas horas haciendo el perro nos hemos ido al jacuzzi y a la ducha. Cuando estábamos en el jacuzzi nos hemos encontrado con una sorpresa que ha saltado al lado de Silvia desde la sombrilla, cuando yo he querido abrir ésta. Hemos conseguido sacar al sapo al final, que ha saltado desde el balcón a los árboles que hay por debajo.
Luego hemos comido y por la tarde nos hemos ido al pueblo más cercano. Hemos cogido un taxi, bueno, algo parecido, pues era un jeep y nosotros íbamos en la parte trasera, en el remolque; nos ha costado doscientos baths. Hemos llegado a Haad Saikaew tras un cuarto de hora de viaje. En el poblado hay de todo lo que echábamos de menos: masajes, seven-eleven, templos, restaurantes a precios módicos y cibers.
Hemos tomado unas cervezas al lado del puerto, paseado un rato y luego hemos ido a hacernos unos masajes en un sitio bastante cutre, donde nos hemos tenido que cambiar en el lavabo, el cúal tenía charquitos en el suelo de vete a saber qué. Después del masaje nos hemos ido al 7-eleven a comprarnos una buena reserva de bebidas y nos hemos vuelto al recinto hotelero justo a tiempo para ir a tomarnos un par de mojitos cada uno en un bar de copas que descubrimos ayer y que está genial.
Luego hemos ido a cenar al mismo sitio que ayer y para finalizar hemos visto una peli en el dvd del bungalow. ¡¡Buenas noches!!

dimecres, 19 de novembre del 2008

Llegada a Koh Samet

El tren no ha tardado 14 horas sino 16 en llegar desde Chiang Mai a Bangkok. Estuvo casi un par de horas parado al poco de salir y nos temíamos que tendríamos que cambiar de tren pero al final pudo continuar. Se ve que la máquina no soportaba tirar de tanto turista.

Paco nos había comentado que nos bajaríamos una parada antes de la estación central de Bangkok pues esa parada es muy caótica.
El viaje ha sido más cómodo de lo que pensábamos, hemos dormido bastante bien en las asientos-literas del tren, hasta la seis de la mañana, cuando hemos llegado a Ayuthaya. La salida del sol en ese punto ha estado preciosa. Después, cuanto más nos acercábamos a la capital más cantidad de barracas íbamos viendo.
Cuando hemos bajado del tren nos estaba esperando Nino, la guía tailandesa que habla castellano y que parece un chico. Nos hemos separado de Paco con un fuerte apretón de manos y una propina de cien baths por los servicios prestados. Una vez Paco se ha ido, acompañado por un chico que ha ido a esperarle al andén para llevarle las malestas, Nino nos ha comentado que Paco vivía allí al lado. Silvia y yo nos hemos sonreido pensando que era la última picardía que ese perro viejo nos había hecho.
Con Nino y un chófer hemos ido de Bangkok a Rayong, el puerto desde donde hemos cogido una lancha rápida para llegar a la isla de Samed (Koh Samed).
Cuando hemos llegado a la isla nos ha ido a esperar una recepcionista del hotel que nos ha acompañado hasta nuestro bungalow. También nos acompañaba un pobre botones con las dos maletas que casi no sabía por dónde cogerlas. La recepcionista nos ha enseñado como abrir y cerrar la caja fuerte y también nos ha mostrado un corazón que ha hecho con las toallas ella misma, que maja.




Hemos dejado las cosas y nos hemos ido a buscar un sitio donde comer. Hemos acabado comiendo una pizza en un restaurante al aire libre, con unas Heineken en unos sofás.

Después hemos probado el jacuzzi del bungalow, sin burbujas, las hemos tenido que poner nosotros.

Al atardecer hemos salido de la zona de los hoteles intentando llegar a algún pueblo por una especie de carretera que rápidamente se ha convertido en un camino impracticable. Hemos llegado a otro hotel desde el cual se veía una bonita puesta de sol.

dimarts, 18 de novembre del 2008

Los elefantes y el tren


Son las 16:20, quedan diez minutos para que salga el tren. Hace dos horas y media que llegamos a la estación de Chiang Mai, dentro del vagón se nota calor pero la cosa podría ser peor de no ser por el aire acondicionado, uno de los pocos lujos de los que goza nuestro vagón de segunda clase. Hace diez minutos nos ha invadido un ejército de turistas franceses. La astucia de Paco, nuestro guía, le
ha servido a él para mantener el sitio de enfrente suyo libre y así poder descansar las piernas, y a nosotros para poder tener más espacio libre sin agobiarnos con nuestras maletas grandes. Silvia se entretiene haciendo sudokus, Paco lee un diario tailandés y yo aprovecho para escribir estas lineas.

Este día tan caluroso empezó con una visita a un campo de entretenimiento de elefantes. Tal como suponíamos, es una idea para sacar el máximo de pasta a los turistas, pero, tanto Silvia como yo nos hemos divertido un montón con los elefantes.



En el mismo campo, hemos hecho una pequeña excursión en balsa por el río.



Y a continuación un paseo en carro tirado por vacas, en el que lo mejor ha sido pasar al lado de un poblado de la tribu Lisu; dos niños estaban saludando a los "farang" que pasaban en los carros y se han llevado una alegría al ver que les ofrecíamos caramelos. Esa alegría sincera ha sido lo mejor del día.



Después del campo de entrenamiento nos hemos ido a ver una granja de orquideas, no siendo época por lo que habían muy pocas y éramos los únicos guiris allí. En el mismo sitio hemos comido un buffet libre que no estaba mal.
Después del almuerzo nos hemos vuelto a Chiang Mai a visitar el templo de Wat Ched antes de irnos a la estación de tren. En ese templo me dio un achuchón que tuve que aplacar en los lavabos de los monjes del templo, sin papel y sin cadena. Tuve que sacar los kleenex y bueno, el regalo que les dejé a los monjes fue de consideración. Espero que no me guarden rencor o acabaré encarnándome en cerdo en una próxima vida. En fin, el tren ya se ha puesto en marcha y
por ahora no se está mal, ya veremos cuando lleguemos a Bangkok dentro de catorce horas y más de 700 kilómetros.

dilluns, 17 de novembre del 2008

De Chiang Rai a Chiang Mai


Mirando el plan que hay para hoy parece que no nos espera nada especial, y la verdad, al final esa será nuestra sensación del día. Comenzamos yendo al templo Wat Rong Khun, un templo espectacular e inacabado, la Sagrada Familia de Tailandia según Paco, cuya construcción se financia con las donaciones de fieles, turistas y el merchandising. Yo he ayudado comprándome una camiseta muy chula.




Después del templo hemos comenzado un tour guiri que nos ha llevado por una fábrica de joyas de oro y jade, otra fábrica de tejidos de seda y otra de manufacturación de sombrillas. Todo esto hasta la hora de comer en el tradicional buffet libre para guiris. En cada fábrica se nos ha dado una breve explicación sobre el proceso realizado sobre el jade, la seda y el papel respectivamente para, a continuación, dejarnos mirar un buen rato qué queremos comprar.Aquí la manufacturación de tejidos de seda.



Aquí la fabricación de sombrillas.



Después de comer nos vamos a Chiang Mai, a visitar el templo de Wat Doi Suthep, 1056 metros por encima del mar, construido por el rey Gue-Na el año 1383. El complejo comprendido por el templo es gigante y precioso. Por un momento nos ha hecho olvidar el enfado que tenemos con Paco y la agencia por las visitas de turismo guiri del día que nos han endiñado, aunque cabe decir que en el momento que hemos llegado al templo Paco nos ha vuelto a dejar que lo visitemos solos mientras él se quedaba en la entrada con unos chicos que conocía para los que había traido ropa de invierno comprada en Mae Sai el día anterior.




Mientras esperábamos al chófer con la minivan nos pusimos a hacer fotos a estos niños con sus madres. Una monada (los niños).



Al bajar de la montaña nos acercamos a unas cataratas. Antes de llegar podemos ver unos puestos de comida especiales. Están llenos de delicatesses: gusanos, grillos, escarabajos, escorpiones,... Paco me dice que pruebe lo que quiera, así que me decanto por un gusano de seda grandecito, este sabe a morera, mmm!, y luego un saltamontes, que tampoco está tan mal.



Silvia y yo pasamos un rato paseando por el parque trazado alrededor de las cataratas hasta que el bochorno del ambiente nos impide continuar.



Ya es hora de ir al hotel. El hotel Tea Vana es un pasote, con una piscina para nosotros solos, acceso a
internet gratis, y una habitación espaciosa y agradable. El chapuzón en la piscina que me meto es memorable.



A las siete nos llama Paco. Tenemos una cena tradicional a las afueras de Chiang Mai, una cena que se acaba convirtiendo en otra trampa para guiris, casposa y sin ninguna gracia. Incluso en algunos momentos se nos pasa por la cabeza la idea de levantarnos y marcharnos pero al final nos rajamos y nos tragamos tal bazofia. Paco y el conductor nos han dejado en la cena y se ha
n ido a comer con los otros guías y chóferes.



Una vez acabado, nos llevan al mercado nocturno, donde un vendedor chino se ha enfadado con Silvia por ofrecerle ésta solo un 30% de lo que él pedía. Despues de un rato nos volvemos al hotel a descansar por fin.